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‘Cómo ser feliz a martillazos’, filosofía práctica para el siglo XXI

iñaki dominguez

 

Después de “Sociología del moderneo” y “Signo de los tiempos”, Iñaki Domínguez presenta este manual de anti-ayuda, un tratado de filosofía práctica que ataca los discursos de motivación, positividad y autoayuda.

La filosofía ha pasado a considerarse como algo inútil, complejo y desligado de la realidad. Por eso, no está de más que acudan autores como Iñaki a refrescar un poco el terreno, deshojar los conceptos complicados y los discursos laberínticos y ofrecer una buena píldora de sabiduría asumible para cualquier persona. Sin perder nivel o calidad, el libro explica, capítulo por capítulo, los falsos mitos de la autoayuda y ofrece, al mismo tiempo, consejos o enfoques sostenidos sobre autores de la talla de Nietzsche, junto a las intuiciones del propio Iñaki. El suyo es un libro entendible, cercano, actual. Y, algo que no suele suceder, útil.

iñaki domínguez

Pregunta: ¿Crees que la autoayuda es un fenómeno propio de nuestra época o que, por otro lado, responde a determinadas necesidades y características humanas?

Iñaki: En el libro hablo de los antecesores de la autoayuda, los estoicos. Ahora bien, hay unos condicionamientos económicos y sociales que nos diferencian de ellos. Los estoicos representaban la filosofía práctica, y el éxito de ese tipo de literatura dependía de la realidad concreta de su momento. Alejandro Magno había conquistado Persia hasta la India, y los marcos de referencia moral y cultural se habían ampliado de modo alarmante. En ese momento las personas, como a día de hoy con la globalización, habían perdido la polis, las costumbres locales, la tradición, la pequeña comunidad que otorgaba unas normas claras a seguir. Las personas habían perdido esas normas cotidianas, inmediatas, y necesitaban algún tipo de referencias para poder conducirse en la vida. La orientación moral es una necesidad humana. Dadas las circunstancias propias de un mundo globalizado, dicha orientación la buscan las personas a través de libros y psicólogos. Antaño dichas cuestiones no eran siquiera debatibles. En todo caso, uno recurría a su confesor, a un familiar, etc.

Por su parte, la gran referencia de la autoayuda contemporánea es un libro americano del siglo XX. “Cómo hacer amigos e influir en la gente”. El libro favorito de Charles Manson. La autoayuda cuenta, también, con un marcado elemento utilitario. Aparte de por su utilidad práctica, a día de hoy la gente recurre a este tipo de literatura porque son infelices y necesitan algún tipo de orientación en el mundo.

Pregunta: Comparas los profesionales de la autoayuda con los sofistas. Parece que con eso les das cierta habilidad intelectual, ¿qué puntos del discurso de la autoayuda crees que tienen valor?

El hecho de compararlos con sofistas puede parecer casi un halago, pero no lo es. Eran filósofos fundamentales, pero en su época eran vilipendiados por Sócrates y Platón como personas que se lucraban con su sabiduría, y mi visión de ellos también sería negativa. A día de hoy todo lo positivo que puede ofrecer la autoayuda es la acción, y mi libro apuesta por una acción significativa. Siempre que la autoayuda se base exclusivamente en pensamientos positivos del tipo “piensa en esto o en lo otro”… no vale para nada. Quizás tiene algún valor cuando nos invita a actuar, eso sí. Lo que pasa es que la autoayuda es una invitación a actuar en un contexto y en unos parámetros actuales determinados… te invitan a tener éxito social, dinero. A actuar de acuerdo con unas normas sociales preestablecidas, no a confeccionar un camino propio a través de acciones. Por otra parte, cuando se nos invita a ser resilientes, a no quejarnos, etc, la autoayuda y el coaching sirven como herramienta del sistema neoliberal. Esa flexibilidad (o resiliencia) sirve al sistema para hacer de los ciudadanos entidades manipulables, que se adapten a todo tipo de injusticias, al tiempo que se esfuerzan a verlo todo de color de rosa.

Pregunta: Una de las ideas que más me ha gustado es la de que el área de confort no es donde uno está, sino lo que uno descubre a través de la propia acción.

El confort es un concepto relativo, y al problema del área de confort me gustaría darle una vuelta. Y es que realmente salir de tu área de confort puede ser encontrar tu zona. Actuando en el mundo terminas sintiéndote cómodo, y eso es saludable. Yo no busco la felicidad, busco la salud, y eso se realiza a través de la acción. La acción nos fortalece como sujetos y nos purifica emocionalmente. Es la acción significativa la que hace brotar los buenos pensamientos de modo automático. Cuando hacemos algo bien, nos sentimos bien con nosotros mismos y con el mundo. Por otro lado, lo que se llama área de confort es, generalmente, un área neurótica porque cumples con una serie de hábitos que no son saludables, y es nocivo, entre comillas, porque uno no es capaz de salir de ahí. Actuar en el mundo, sin embargo, es uno de los grandes activos que tenemos a mano. Purifica tus pensamientos y sentimientos, te fortalece, te consolida como persona… Es una manera de encontrar tu confort. La acción puede dar miedo, sí, pero hay que trabajar seriamente a través de acciones en el mundo para superar esas dificultades.

iñaki domínguez

Pregunta: Dices que “en la acción y no en el pensamiento está la libertad”. ¿Es contraintuitivo que un filósofo defienda esa idea?

¿La idea de la acción? Yo creo que no. En términos de filosofía, esta ha de conceptualizar ciertas posiciones, y algunas de ellas están en la acción; incluso Aristóteles habla del hábito. La filosofía integra todos los elementos de la existencia, y uno de ellos es actuar. Yo no digo que no haya que pensar. Evidentemente hay que contar siempre con un enfoque crítico, pero actuar, por sí mismo, ya es extremadamente saludable.

Pregunta: Escribes de una manera muy intuitiva, bastante alejada de los libros de filosofía cargados de referencias y de citas a otros autores. ¿Crees que ese tipo de filosofía pierde el contacto con la vida?

Sí, esa necesidad de apuntalar los textos viene de un paradigma casi científico de legitimar tu pensamiento, y no me parece mal que sea así. Sin embargo, dentro de la propia filosofía, incluso académica, hay autores más intuitivos y menos academicistas. Pero puede ser que ensayos como el mío no sean tan comunes. Cuando hice “Sociología del Moderneo” tuve una discusión con un tipo que empezó a decir que mi libro era un refrito, sin haberlo siquiera leído. Me hace gracia que un filósofo académico diga eso, porque suelen ser ellos los que más refritos hacen.

Yo creo que filosofía a nivel de publicaciones en editoriales con repercusión mediática no hay mucha, y es una pena porque sería muy aconsejable hacer de la filosofía una disciplina accesible al público. Y no creo que una filosofía accesible tenga menos valor ni mucho menos, sino al contrario: tiene más. Hay muchos escritores y ensayistas que “enturbian sus aguas para parecer más profundos” de lo que en realidad son Tú puedes expresar las mismas ideas con otro lenguaje, más divulgativo. No tiene nada de malo. Si escribes de modo críptico tus ideas seguirán siendo las mismas, serán menos accesibles, y lo único que habrás logrado será apropiarte un supuesto prestigio intelectual.  Abajo la oscuridad, arriba la claridad. Saber comunicarse es lo primero.

Pregunta: ¿Te acerca este libro a la divulgación?

Sí, pero no es una divulgación sin más. Un libro bueno tiene que educar y enseñar, pero esto no representa una pura divulgación. No cojo las ideas de otra persona. De hecho, han salido de mí. Lo escribí en tres meses y medio, de modo intuitivo. Naturalmente,  muchas de esas ideas las habrá pensado otro antes que yo. Hay referencias a Nietzsche, a los estoicos, a Freud, a Marx…  que son autores accesibles. A Nietzsche se lo puede leer hasta un macarra. Se perderá muchos matices pero también entenderá muchas cosas.

iñaki dominguez

Pregunta: ¿Qué motivos te han llevado a escribir este libro?

El proyecto de este libro se me ocurrió  mientras estudiaba en la universidad, y gira en torno a mi idea de que el pecado original es la insatisfacción personal. La insatisfacción personal es la fuente de las conductas inmorales. Una persona normal se comporta mal cuando sufre. Por poner un ejemplo, hay estudios psicológicos que hablan de la frustración como fuente de la agresividad. No es el pensamiento el que nos redime sino la acción que transforma nuestro mundo de modo eficiente. La satisfacción con uno mismo está en las acciones que realiza para modificar la realidad. Me pareció una idea interesante, y ahora que publico, se la propuse al editor. Yo ya tenía la intención de hacer un tratado de filosofía práctica, y dije “bueno, voy a criticar la psicología cognitiva”. Y la gente está respondiendo muy bien.

Pregunta: Qué le dirías a alguien que compra autoayuda.

Le diría que comprase mi libro, eso lo primero (risas). Pero aparte de eso, que dejen de reflexionar y rumiar… rumiar así produce una introversión exagerada. Muchos lectores de autoayuda son tímidos. Muchas veces se sienten aislados: les cuesta salir de sí mismos. “Más autoayuda, detectar y reconocer sus propios sentimientos” y todo eso representa un círculo vicioso que solo intensifica el problema. Es más recomendable precisamente  lo contrario: salir de esa matriz, romper esa cáscara, interactuar con el mundo y crear relaciones saludables. A uno, así, se le quita la chorrada de la autoayuda. La infelicidad se cura con relaciones positivas.

Yo mismo, en los últimos meses, he roto ciertas relaciones porque me estaban haciendo cierto mal. Y no pasa nada. Cortas, hablas de vez en cuando y ya está. Pero no te ves con personas que te hacen daño. Lo estoy apreciando mucho en los últimos meses. Te sientes mucho mejor. Al  tener relaciones saludables dejas de leer no solo autoayuda, sino que dejas de leer en general. Decía Jim Morrison de sus hábitos lectores: “yo leía mucho, pero la vida se puso demasiado interesante”. Una vida social estimulante es una verdadera panacea, representa una verdadera salud. Hay que cuidar mucho las relaciones, y si no son buenas… charlas con esa persona de vez en cuando por teléfono y poco más.

Pregunta: ¿Te consideras feliz?

La felicidad no existe, al menos yo no creo en ella. Me siento mucho más sano que hace diez años, entre otras cosas por realizar acciones significativas, como puede ser escribir libros y publicarlos, conocer gente y establecer una comunicación con las personas. Tengo una vida más saludable que antes sin ningún género de dudas. La comunicación en todas sus vertientes es fundamental, entre amigos, en el sexo, en relación a inquietudes intelectuales… Así se solucionan los problemas, hablando. Hay que trabajar con ilusión y yo estoy ilusionado.

 

Redacción: Román Aday / Fotografías cedidas.

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